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 SUPERMAN: LA LEYENDA VIVA: EL ÚLTIMO HIJO DE KRIPTÓN: CAPÍTULO 1

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capítulo 1
KRIPTÓN


Jor-El había tratado. Dios sabe que había tratado. Pero el final llegaría aún más rápido de lo que había pensado, probablemente antes de que la luz del día iluminara otra vez el rojo firmamento de Kryptonópolis. Sólo un superhombre podría terminar de armar la nave espacial de tamaño familiar antes de que la presión del centro del planeta esparciera a Kryptón por toda la galaxia.

El mundo había estado en agonía desde que dos vagabundos varados en el espacio habían chocado en el planeta rojo diez mil órbitas estelares atrás. En términos geológicos, había sido el tiempo suficiente para un último respiro. En términos humanos, habían sido más de setecientas generaciones salvajemente exitosas. Suficiente tiempo para construir una civilización próspera y conforme consigo misma, para enorgullecerse de una raza que había domado un mundo tan poco apto para la vida humana que las generaciones tempranas tenían que dormir más de la mitad del día y conformarse con gatear en vez de caminar. Así de intensa era la gravedad.

Si alguna vez en la historia de la galaxia había habido una prueba de supervivencia de los más fuertes de la familia humana, esa prueba era en Kryptón. Los más débiles morían antes de poder asegurarse una descendencia, incluso el íncide de mortalidad fue terrible durante cientos de años. Pero aquí, al igual que en otros cientos de mundos más habitables hacia donde el hombre había emigrado, la especie humana demostró su sorprendente adaptabilidad. La tierra cambió al hombre mucho antes de que el hombre cambie la tierra.

Mientras que la fisiología de la raza cambió sutilmente, la apariencia

cambió muy poco. El tejido muscular se volvió más denso y los reflejos motrices más agudos. Crecieron las percepciones y aumentaron las capacidades visuales. Toda una nueva variedad de habilidades físicas comenzó a desarrollarse sólo para permitir que el ser humano viviera bajo condiciones normales en un planeta de monstruosa gravedad, drásticos cambios climáticos y con un sol extraordinariamente variable en cuanto al calor y por lo general algo apagado en cuanto a la intensidad de la luz. Finalmente, cuando el sufrimiento casi había terminado, cuando la subsistencia mediante los recursos de un planeta casi agotado se había vuelto posible, la raza humana comenzó a dispersarse hacia el norte y el sur desde las regiones ecuatorianas de gravedad relativamente baja y empezó a construir.

Construían con furia, estos humanos mejorados. Con furia y sin piedad, y con gran cantidad de sangre derramada.

Para comenzar a construir Kryptón, tuvieron que abrirse camino a machetazos a través de junglas de dura vegetación rocosa y de bosques de lava derretida sin piedad alguna. Tenían que hacer lo que sirviera y rápido. Aquellos que no permiten que la naturaleza se interponga en su camino tampoco dejan que otros humanos lo hagan. Tanto en la construcción como en la adaptación, la regla primaria era sobrevivir. 

Una vez que la civilización comenzó a reunirse en Kryptón, los humanos comenzaron a prestarle atención a los valores. De todas las criaturas del Universo, es el humano quien posee una capacidad relativamente grande de hacer el bien. Los kryptonianos dieron por sentado el hecho de que en el universo existían el bien y el mal, no era difícil hacer tal juicio de valor. Matar, por ejemplo, era incorrecto, dar comida a alguien, no. Tras generaciones de esclavitud, guerras y sacrificios humanos en nombre del adelanto, ahora el pueblo de Kryptón añoraba interiormente la paz.

Los humanos de Kriptón pronto se tranquilizaron también, lo que más tarde sería su ruina.

Puesto que en el universo hay un bien y un mal, es fácil de suponer está mal que la autoridad imponga una pena de muerte a aquellos que cometen terribles crímenes. Cuando los kryptonianos pusieron su atención en finalizar con valores la creación de una civilización ganada trabajosamente, la pena de muerte fue una de las primeras cosas que abolieron. Por regla general, los criminales eran un grupo problemático de gente. El problema no era capturarlos, sino que representaba una molestia para la sociedad tener que mantenerlos vivos y a la vez lejos de quienes cumplían con las leyes.

Jor- El adquirió importancia como científico diseñando un método para hacerlo.

Ni bien terminó su educación presentó su “proyector de la zona fantasma” al aburrido grupo de caballeros que gobernaban Kryptón, el Consejo de Ciencia.

Ahora, en vez de poner a los criminales convictos bajo una animación suspendida y ponerlos en órbita alrededor del planeta masivo, se instituyó un plan menos costoso y mucho menos problemático. Jor-El postuló un plano de existencia al límite del propio y un método para entrar en el. Su teoría resultó correcta. Ahora se encadenaba a los criminales a un muro y se los exponía un rayo de zona fantasma. Al entrar a este mundo, se los reducía a formas incorpóreas y se los hacía cumplir su sentencia como fantasmas, capaces de observar los hechos, pero no de influenciarlos.

Jor-El fundó las puertas del infierno, esto fue lo que le dio acceso al Consejo de Ciencia. Algún día, decían, Jor-El dirigiría el consejo.

Durante un tiempo, Jor-El fue una estrella en ascenso entre sus colegas kryptonianos, su mente era la maravilla de la época. Heredero de una larga línea de científicos, inventores, exploradores, y funcionarios públicos, creció escuchando a su padre, el empresario industrial que había popularizado la producción en serie, a su madre, una destacada activista social, a su tío, el inventor que descubrió los primeros usos prácticos de la energía geotérmica, y a un primo mayor que era un gran líder espiritual, quienes le hablaban sobre el futuro de Kryptón como si el mundo fuera un laboratorio social de posibilidades ilimitadas. Al joven le enseñaron a creer que nada que estuviera dentro de los dominios de la imaginación humana era imposible.

Nunca nadie había tenido en Kryptón tanto el talento para la teoría como también para la aplicación técnica que eran tan naturales para Jor-El. Luego del descubrimiento de la zona fantasma, Jor-El diseñó un vehículo de transporte prototipo tamaño familiar de tres ruedas cuya construcción no era costosa y que se alimentaba del abastecimiento casi ilimitado de energía térmica de Kryptón. Poco después de ese logró vino el analizador de inteligencia, un dispositivo que podía medir la actividad de un cerebro despierto y determinar su nivel de desarrollo. Este artefacto medía la habilidad natural de un recién nacido así como la capacidad del individuo de captar la información durante el período educativo. El propio cociente de Jor-El, por supuesto, estaba más allá de la capacidad de medir del aparato, así como también el de su esposa Lara. Sin embargo, incluso él se sorprendió por la lectura que obtuvo al analizar a su pequeño hijo Kal-El.

En la mente de Jor-El había sueños de viajes espaciales. En Kryptón la única fuente de poder viable era el planeta mismo, las fuerzas turbulentas que operaban bajo su corteza producían un calor que se podía explotar y utilizar con eficacia. Jor-El estaba convencido de que para viajar en el espacio la solución era comprender los campos de gravedad que mantenían unido el universo. Tenía visiones de naves estelares navegando los vientos gravitacionales a través de las estrellas a una velocidad cercana a la de la luz. Trabajaba duro con cálculos y datos tratando de diseñar una teoría gravitacional unificada y coherente y se aventuraba en información alarmante sobre la naturaleza del planeta que el pensamiento convencional no podía explicar.

Pasaron tres años antes de Jor-El descubriera que Kryptón iba a explotar. Lo anunció al Consejo de Ciencia en secreto.

—Creo que el joven Jor-El está sustado de unos simples temblores—, dijo Vad-Ar, el Mayor, expresando la opinión general de los consejeros.

El Consejo de Ciencia, junto con la gran mayoría de kryptonianos, se habían vuelto tranquilos y complacientes. Habían domado un mundo hostil, estos humanos, y ahora era tiempo de relajarse y disfrutar de sus logros.

Si alguien llegaba a insinuar que un simple arrebato de furia catastrófica barrería pronto con todos sus logros, se reirían de él. En lo que al público respecta, ese alguien era un bufón, un lunático chiflado con exceso de trabajo que se la pasaba soldando láminas de aleación al casco de una nave espacial durante toda la noche. Esta noche, los insectos volaban, los rebaños enteros de animales huían en estampida hacia tierras que nunca serían sometidas por los humanos. La gente lo sabía, pero aún se burlaba de Jor-El.

—Jor-El, ¿qué estás haciendo?—, pregunto Lara, envuelta en una bata, desde la puerta del taller. Llevaba en sus brazos a Kal-El, su hijo.

— Nos marcharemos antes del amanecer. Vuelve a la cama y déjame terminar con esto.

— Jor, me desperté al oír al bebé llorando y me di cuenta de que estaba sola. ¡ Y ahora te encuentro aquí y me dices que dejaremos nuestro planeta!, por el amor de todo lo sagrado, ¡ y antes del amanecer! ¿Y quieres que vuelva a la cama?

—Puedes elegir entre dormir o ponerte frenética. Si eliges lo último, te sugiero que lo hagas en otro lado porque sólo hará mi trabajo más difícil—, dijo Jor-El sin quitar la vista de su trabajo.

—Jor, tu ya te has puesto frenético y has perdido la perspectiva por ello- El niño comenzó a lloriquear.

—Vuelve a la cama mujer—, Jor-El se colocó bruscamente unas gafas protectoras y tomó un quemador de mortero liquido para soldar.

— Habrás observado que las mujeres no han estado a las ordenes de sus maridos durante años. Y si enciendes el quemador mientras hablo, también te habrás dado cuenta de que...

Jor-El lo encendió y Kal-El comenzó a llorar por el ruido repentino.

Lara estaba por apagar el generador geotérmico de donde el quemador se alimentaba cuando un temblor sacudió el quemador de la mano de Jor-El. Antes de que el aparato llegue al piso el generador ya estaba muerto, el temblor había cortado el cable que unía el generador a una fuente de poder debajo de la superficie del planeta.

— ¡Maldición!—, Jor-El ojeó el equipo de lanzamiento provisional que ya estaba ubicado en la ventana abierta del taller. — ¡Mira Lara!, la aguja que está sobre las oficinas del Consejo de Ciencia se está tumbando.

— Oigo choques por todos lados, ¿ qué son, Jor?

— Pronto oirás también gritos en la calle. Baja al niño y ayúdame a instalar la nave prototipo en el lanzador. De todos modos no habría terminado de construir la nave grande a tiempo.

— Pero esa cosa tan pequeña, tan sólo tiene espacio suficiente para una sola persona.

— Dos un poco apretados. Dame...—, Jor-El tomó bruscamente al pequeño, que estaba llorando y lo sentó en un banco de trabajo.

— Jor, ¿ qué crees que harás con ese juguete?— Lara lo ayudó a colocar la nave prototipo de casi medio metro en el equipo que estaba en la ventana.

— Mandarte a ti y al niño al espacio. Alcánzame la unidad de navegación de la trompa de la gran nave.

— ¡ No lo harás!

Jor-El la ignoró y continuó fijando el pequeño mecanismo plateado de navegación a la punta de la nave del niño, dejándolo listo para desprenderse y volar varias horas luz por delante de la nave principal.

Mientras él hacía esto, Lara encontró dos viejas frazadas en un armario. Envolvió al niño, que ya estaba luchando con una sábana amarilla, en una frazada roja y otra azul. Jor-El terminó los últimos cálculos y se volvió hacia su esposa, — sube a bordo, Lara.

— Mi lugar está junto a ti, además, la nave tendrá más posibilidades de escapar de la gravedad de Kryptón sin mi peso.

— Tu lugar está en donde sea, siempre y cuando puedas sobrevivir y ese lugar no es aquí.

— Jor, ¿ recuerdas cómo llamamos a nuestro hijo? Kal-El significa “niño estelar” en kryptoniano antiguo.

— Un accidente de la lengua. ¡Sube!

— No. Soy una mujer kryptoniana y Kryptón ha muerto. Démosle una oportunidad al niño.

Jor-El no estaba sorprendido, sólo desilusionado. Tomó un casette ya grabado de un estante y lo colocó en una ranura de la unidad de navegación.

— ¡Dios mío!- suspiró Jor-El mientras el cohete y su pequeña carga se elevaban en medio de un desastre de roca y metal — ¡Qué los vientos estelares guíen tu curso, Kal-El.



Translator: Verónica G. Yuri


Destruction of Krypton T-Shirt!

 

 

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